Reality-Check
June 28, 2017
La agencia internacional para la investigación sobre el cáncer estuvo en la inopia sobre los indicios del glifosato

Noticia originalmente publicada en la web de Reuters.

La agencia internacional para la investigación sobre el cáncer de la Organización Mundial de la Salud afirma que un herbicida frecuente es «probablemente carcinógeno». El científico que dirigió esa revisión tenía conocimiento de nuevos datos que mostraban la ausencia de relación alguna con el cáncer, pero nunca lo mencionó y la agencia no lo tuvo en cuenta.

 

KATE KELLAND – 14 de junio de 2017 – 15:05 CEST

LONDRES. Cuando Aaron Blair se sentó en su silla en una reunión de una semana de duración celebrada entre 17 especialistas en la agencia internacional para la investigación sobre el cáncer (IARC, International Agency for Research on Cancer) en marzo de 2015, había algo que no les estaba contando.

El epidemiólogo del Instituto Nacional del Cáncer de EE. UU. había visto importantes datos científicos sin publicar que estaban relacionados directamente con una cuestión clave que los especialistas de la IARC estaban a punto de tratar: si las investigaciones mostraban que el herbicida glifosato —el compuesto principal de la marca líder de herbicidas Monsanto— provocaba cáncer.

Anteriormente, los documentos judiciales no publicados a los que tuvo acceso Reuters sobre un caso legal en curso en EE. UU. contra Monsanto muestran que Blair sabía que la investigación no publicada no encontró ningún indicio de que existiera ninguna relación entre el glifosato y el cáncer. En una declaración jurada en marzo de este año, relacionada con el caso, Blair también afirmó que los datos habrían cambiado el análisis de la IARC. Dijo que habría hecho que fuera menos probable que el glifosato reuniera los criterios de la agencia para clasificarlo como una sustancia que «probablemente causa cáncer».

Pero la IARC, que es una organización semiautónoma que pertenece a la Organización Mundial de la Salud, nunca pudo considerar los datos. Las normas de la agencia para evaluar la carcinogenia de las sustancias dicen que únicamente se pueden tener en cuenta las investigaciones que hayan sido publicadas y, estos datos nuevos, procedentes de un amplio estudio estadounidense en el que Blair era el investigador principal, no se habían publicado.

La ausencia de publicaciones ha desatado el debate y posiciones encontradas. Un reputado epidemiólogo estadounidense y un importante estadístico británico —independientes los dos de Monsanto— contaron a Reuters que los datos eran potentes e importantes y que no podían encontrar ninguna razón para que no hubieran salido a la luz.

Monsanto contó a Reuters que los datos nuevos sobre el glifosato podrían y debían haber sido publicados a tiempo para que IARC los tuviera en cuenta y que al no poder hacerlo, esto determinó la clasificación de la IARC del glifosato. El caso judicial contra Monsanto, que está teniendo lugar en California, implica a 184 demandantes individuales que citan la evaluación de la IARC y afirman que la exposición a RoundUp les causó cáncer. Alegan que Monsanto no advirtió a los consumidores sobre sus riesgos. Monsanto niega dicha acusación.

La empresa, además, va más allá y dice que los nuevos datos se deberían haber publicado. Ha contado a Reuters que Blair ocultó los datos deliberadamente, pero no tienen pruebas específicas de ello.

Blair aseguró a Reuters que los datos, de los que ya se disponía dos años antes de que la IARC evaluara el glifosato, no se publicaron a tiempo dada la enorme cantidad de información que había que compilar en un solo artículo científico. Al preguntarle si no lo publicó deliberadamente para evitar que la IARC lo tuviera en cuenta, contestó que eso era «absolutamente falso». Dijo que la decisión de no publicar los datos del glifosato se había tomado varios meses antes de que la IARC decidiera llevar a cabo una revisión sobre el compuesto químico.

El Instituto Nacional del Cáncer de EE. UU también mencionó «restricciones de espacio» como motivo por el que no se publicaron los datos nuevos sobre el glifosato.

La ausencia de datos en la evaluación de la IARC fue importante. La IARC finalizó su reunión en 2015, con la conclusión de que el glifosato es un «probable carcinógeno para el ser humano». Basó sus resultados en los «indicios limitados» de carcinogenia para los seres humanos y «datos suficientes» en animales de experimentación. Dijo, entre otras cosas, que había una «relación positiva» entre el glifosato y las neoplasias sanguínea denominadas linfomas no hodgkinianos. La IARC contó a Reuters que, a pesar de la existencia de datos nuevos sobre el glifosato, se ceñía a sus resultados.

La evaluación de la agencia está en desacuerdo con otras agencias reguladoras internacionales que han dicho que el herbicida no supone ningún riesgo para los humanos. Conllevó el retraso de una decisión europea de renovar la licencia o suspender la venta de plaguicidas con glifosato en toda la UE. Esta decisión todavía está pendiente. Mientras tanto, algunos países han endurecido las restricciones sobre el uso del herbicida en jardines privados y espacios públicos, así como en los cultivos antes de su cosecha.

En Estados Unidos, un juez de California tuvo en cuenta la evaluación de la IARC en un caso legal aparte del de marzo para dictaminar que el estado puede exigir que RoundUp lleve una etiqueta de advertencia de que podría causar cáncer. Ahora Monsanto se enfrenta a más litigios de cientos de demandantes a lo largo de Estados Unidos que dicen que el glifosato les produjo a ellos o a quienes querían un linfoma no hodgkiniano, citando la evaluación de la IARC como parte de su demanda.

Además, en los documentos judiciales a los que tuvo acceso Reuters, Blair reconocía que, si el grupo de especialistas de la IARC hubiera estado en posición de poder tener en cuenta los nuevos datos de Blair, el análisis de la IARC de los datos del glifosato habría sido distinto.

La investigación no publicada procedía del estudio Agricultural Health Study, un estudio de gran envergadura e importancia, llevado a cabo por científicos en el Instituto Nacional del Cáncer de EE. UU, sobre trabajadores agrícolas y sus familias en Estados Unidos. Cuando los abogados de Monsanto preguntaron a Blair en marzo si los datos que no se habían publicado mostraban «la ausencia de datos para establecer una relación» entre la exposición al glifosato y el linfoma no hodgkiniano, esté contestó: «Eso es.»

Al preguntarle en la misma declaración jurada si la revisión de la IARC del glifosato habría sido distinta si se hubieran incluido los datos ausentes, Blair dijo de nuevo: «Eso es». Los abogados le plantearon que la adición de los datos ausentes habrían «reducido el riesgo metarrelativo», con lo que Blair estuvo de acuerdo.

Scott Partridge —vicepresidente de estrategia comercial de Monsanto— indicó a Reuters que la revisión del glifosato de la IARC «ignoró los datos adicionales obtenidos durante varios años a partir del estudio más extenso y exhaustivo llevado a cabo sobre la exposición de los granjeros a los plaguicidas y el cáncer».

El estudio Agricultural Health Study fue sumamente pertinente —dijo— porque examinó la exposición humana al glifosato en la vida real, mientras que la mayoría de las investigaciones científicas que analizó la IARC implicaba análisis de laboratorio en roedores.

La IARC dijo a Reuters que su evaluación sigue unos criterios científicos estrictos y que su sistema de clasificación de carcinógenos «está reconocido en todo el mundo y se emplea como referencia». Reiteró que solo tienen en cuenta los datos publicados por motivos de transparencia.

Reuters pidió a dos expertos estadísticos independientes que revisaran los datos, que todavía no se han publicado, aunque el Instituto Nacional del Cáncer de EE. UU declaró a Reuters que los investigadores estaban trabajando actualmente en un análisis actualizado. Ninguno de los dos especialistas habían visto los datos previamente y los dos manifestaron que no tenían ningún conflicto de intereses con el glifosato.

David Spiegelhalter (profesor de Conocimiento público del riesgo en la Universidad de Cambridge, Reino Unido) explicó que no existía «una razón científica aparente» para no publicar los datos. Bob Tarone —un estadístico jubilado, que trabajó con Blair y otros científicos en el Instituto Nacional del Cáncer de EE. UU durante 28 años, antes de que se fuera al instituto internacional de epidemiología sin ánimo de lucro International Epidemiology Institute— dijo que no podía encontrar «ninguna explicación razonable, en términos de pruebas científicas disponibles» para que no se hubieran publicado los datos.

Tarone ya había sacado el tema el año pasado en un artículo de la revista European Journal of Cancer Prevention al que se le prestó muy poca atención. Escribió que la clasificación del glifosato de la IARC como probablemente cancerígeno para los humanos era el resultado de «un resumen defectuoso e incompleto» de los datos.

En un correo electrónico remitido a Reuters, la IARC declinó afirmar si Blair había informado al equipo de la IARC sobre los datos no publicados, si debía haberlo hecho y si los datos ausentes podrían haber modificado la evaluación del glifosato por parte de la IARC si se hubieran publicado a tiempo. La agencia manifestó que no tenía programado reconsiderar su evaluación del producto químico.

El glifosato es lo que se conoce como un herbicida no selectivo, es decir, que mata a la mayoría de las plantas. El glifosato fue descubierto en 1970 por el químico de Monsanto John E. Franz y su patente ya expiró. Es suministrado por numerosas empresas y, en la actualidad, es el herbicida más utilizado a nivel mundial en agricultura, ingeniería forestal y jardinería doméstica. Monsanto y otras empresas han desarrollado semillas modificadas genéticamente que pueden tolerar el glifosato, con lo que los granjeros pueden aplicarlo a campos enteros sin destruir los cultivos.

La seguridad del producto químico ha estado sometida al escrutinio científico y regulador desde los años 80 del siglo pasado. La Agencia de Protección Ambiental de EE. UU. u otros organismos internacionales, lo que incluye a la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, la agencia reguladora para el control de plagas de la Health Canada (Pest Management Regulatory Agency), la autoridad para la protección del medioambiente de Nueva Zelanda (Environmental Protection Authority) y la comisión de seguridad alimentaria de Japón (Food Safety Commission) lo han sometido a revisiones periódicas y todos ellos afirman que el glifosato es poco probable que provoque cáncer en el ser humano.

Pero no es una ciencia asentada y los investigadores de todo el mundo siguen estudiando el glifosato, midiendo trazas de él en el agua y los alimentos, exponiendo a las ratas de laboratorio a este compuesto y monitorizando los posibles efectos para la salud en las personas que lo han utilizado durante años en su trabajo.

Uno de los estudios más amplios y sumamente reconocido para estudiar los efectos del uso de plaguicidas en la vida real es el Agricultural Health Study (AHS), una investigación retrospectiva de alrededor de 89 000 trabajadores agrícolas, granjeros y sus familias en Iowa y Carolina del Norte. Ha recopilado y analizado información detallada sobre la salud de sus participantes y de sus familiares desde principios de 1990, así como sobre el uso de plaguicidas, incluido el glifosato.

Los investigadores del AHS han publicado numerosos estudios a partir de sus datos. Un artículo que se centraba en el glifosato y la posible relación con el cáncer se publicó en 2005. Llegó a la conclusión de que «la exposición al glifosato no se ha relacionado con la incidencia global del cáncer». Desde entonces se han recopilado muchos más datos, aportando potencia estadística a los análisis subsiguientes del AHS.

A principios de 2013, Blair y otros investigadores comenzaron a elaborar nuevos artículos con los datos actualizados del AHS sobre linfoma y plaguicidas, donde se incluían los datos sobre el glifosato. Reuters revisó los borradores de febrero de 2013 y marzo de 2013 y pidió a Spiegelhalter y Tarone que los revisaran. Dijeron que los artículos, aunque todavía estaban en la fase de edición, se encontraban en una etapa de redacción del manuscrito muy avanzada. Los borradores contienen notas en el margen y sugerían modificaciones firmadas por AEB, las iniciales completas de Blair.

Después de estudiar los borradores de los artículos, Tarone señaló que las cifras no publicadas muestran una «ausencia absoluta de prueba alguna» de un aumento del riesgo de linfoma no hodgkiniano causado por la exposición del glifosato.

Spiegelhalter mencionó a Reuters que: «En los borradores que yo vi, ninguno de los herbicidas, lo que incluye al glifosato, mostró ningún indicio de la existencia de una relación» con el linfoma no hodgkiniano. Destacó que el estudio era suficientemente robusto desde el punto de vista estadístico como para mostrar una relación en otros plaguicidas, de modo que si hubiera habido alguna relación con el glifosato, se habría puesto al descubierto.

En su testimonio legal, Blair también describió el Agricultural Health Study como estudio robusto y coincidió en que los datos no mostraban ninguna relación.

Pero estos borradores de los artículos nunca se publicaron, aun cuando Blair dijo a los abogados de Monsanto en marzo que el Agricultural Health Study era robusto y tenía una potencia elevada estadísticamente, y comentó a Reuters que la investigación era importante para la ciencia y el público. El intercambio de correos electrónicos entre Blair y sus colegas investigadores en 2014 también muestra que eran muy conscientes de que en los datos del AHS habría un interés científico y público.

El 28 de febrero de 2014, Michael Alavanja —un coautor de uno de las versiones preliminares de los artículos— le envió un correo electrónico a otro coinvestigador del AHS, con copia del mensaje a Blair. En él destacaba que la investigación era «importante para la ciencia, la salud pública, la IARC y la EPA» (EPA: Agencia de Protección Ambiental de EE. UU).

Alavanja hacía mención en el mismo correo de los hallazgos sobre el linfoma no hodgkiniano (conocido también por sus siglas, LNH). Escribió: «Sería irresponsable si no intentáramos publicar nuestro manuscrito sobre el LNH a tiempo para influir en la decisión de la IARC [sic].»

Los datos del AHS sobre el glifosato y el linfoma todavía no habían salido a la luz.

En lugar de ello, en octubre de 2014 se publicó en una revista llamada PLoS One una versión revisada de uno de los borradores de los artículos de 2013, elaborada por Blair y otros investigadores. No incluía los datos sobre herbicidas, entre los que se encuentra el glifosato.

Este hecho era algo inusual. Desde 2003, los investigadores del AHS habían publicado al menos 10 artículos científicos, en los que se utilizaron distintas rondas de datos actualizados para estudiar las posibles relaciones que pudieran existir entre los plaguicidas y enfermedades específicas. En cada uno de ellos se incluyeron cuatro clases de plaguicidas: fungicidas, fumigantes, insecticidas y herbicidas.

Alavanja fue uno de los autores de los artículos publicados en PLoS One en 2014. Contó que él y otros autores y científicos de larga trayectoria en el Instituto Nacional del Cáncer de EE. UU decidieron eliminar los herbicidas de ese análisis debido a, principalmente, «el tema de la potencia estadística y la necesidad de una evaluación extensa del glifosato y todos los tipos de cáncer».

Blair contó a Reuters que se habían eliminado los datos de los herbicidas, que incluían al glifosato, «para que el artículo tuviera una extensión más manejable». Dio una respuesta semejante al abogado que representaba a Monsanto, quien le preguntó en varias ocasiones en la declaración jurada por qué no se habían publicado los datos. Blair testificó que el artículo «fue sometido a revisión reiteradamente». Dijo que no podía recordar cuándo se sacó el glifosato, pero «decimos eliminarlo porque (…) no se podía meter todo en un solo artículo».

Monsanto argumenta que los datos no se publicaron porque demostraban que no existía ninguna relación entre el glifosato y el linfoma no hodgkiniano.

Tarone dijo que la ausencia de los datos del herbicida en el artículo publicado en 2014 era «inexplicable», resaltando que el volumen de datos no había sido un problema en ningún otro artículo publicado anteriormente. Hizo referencia a que los datos y los análisis sobre herbicidas actualizados del AHS «deben publicarse lo antes posible» para poder «evaluar de forma más completa la posible relación entre la exposición al glifosato y el riesgo de LNH en humanos».

Reuters preguntó a otros nueve científicos que aparecían como autores en los dos borradores de los artículos de 2013 por qué estos no se habían llegado a publicar nunca. Unos no estaban dispuestos a hacer comentarios y otros trasladaron las preguntas a Laura Beane Freeman, que fue coautora de los borradores de los artículos y del estudio publicado en 2014 en PLoS y que, en la actualidad, es la investigadora principal del Instituto Nacional del Cáncer de EE. UU en el AHS.

En un correo electrónico dirigido a Reuters, Freeman y un representante del instituto decían que: «Después de revisar los primeros borradores del manuscrito, es evidente que habría sido imposible realizar una evaluación exhaustiva de todos los grupos principales de plaguicidas dado el enorme volumen de información que era importante incluir.»

Contaron que la decisión de separar los resultados de los herbicidas, que incluían al glifosato, permitía que los científicos pudieran «presentar evaluaciones más exhaustivas» del resto de plaguicidas. Freeman apuntó que se está llevando a cabo un estudio actualizado sobre el glifosato.

 

le glyphosate

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CHOQUE CULTURAL

A pesar del tamaño y el presupuesto modestos del IARC, sus monografías —evaluaciones de si algo es una causa de cáncer— suelen captar la atención de los responsables políticos y del público. Las monografías recientes del IARC han incluido valoraciones de que la carne roja es cancerígena y que debe clasificarse junto con el arsénico y el tabaquismo, y que el café, que el IARC había dicho antes que podría provocar cáncer, probablemente no es carcinógeno.

El enfoque de la agencia difiere del de otras agencias reguladoras de dos modos principales. En primer lugar, dice que analiza el «peligro» —la solidez de los datos, en lo referente a si una sustancia o actividad puede provocar cáncer de algún modo, tanto en un experimento de laboratorio como en cualquier otra parte. No evalúa el «riesgo» ni la probabilidad de que una persona desarrolle un cáncer por la exposición diaria a algo. En segundo lugar, en términos generales, solo tiene en cuenta las investigaciones que se han publicado en revistas científicas con revisión externa por expertos.

En su evaluación del glifosato, el IARC tuvo en cuenta alrededor de 1000 estudios publicados. Aunque tan solo un puñado de ellos eran estudios de cohortes llevados a cabo en humanos, el tipo de estudio como el Agricultural Health Study y las situaciones de la vida real más relevantes como son las personas que trabajan con el glifosato en la agricultura.

Los distintos juicios emitidos por el IARC y otras agencias reguladoras sobre el glifosato han avivado los enfrentamientos en las dos costas del Atlántico. En Estados Unidos, los miembros del congreso han lanzado investigaciones sobre la financiación tributaria estadounidense del IARC. Todavía no han llegado a una conclusión.

En Europa, la batalla se centra en la decisión inminente sobre la renovación o no de la licencia de uso del glifosato en la Unión Europea. La comisión Europea ha dicho que desea que los Estados miembro de la UE hayan tomado una decisión a finales de 2017. Los políticos necesitan sopesar las opiniones del IARC y de otros organismos científicos a la hora de decidir si aceptan o no una propuesta de la Comisión de ampliar la licencia de comercialización del glifosato a 10 años.

Todavía no está claro si los datos del AHS saldrán a la luz a tiempo para tenerlos en consideración. Blair comentó que pensaba que publicar los datos del glifosato sería importante y que sus antiguos colegas del NCI estaban trabajando en ello. Freeman, del NCI, explicó que, actualmente, su equipo estaba «elaborando un manuscrito sobre este asunto». Comentó que el nuevo estudio «analizará los efectos de la exposición del glifosato en mayor profundidad que una publicación que incluya varios plaguicidas» y que espera que se presente «en una revista con revisión externa por expertos en los próximos meses».

Alavanja recordó que «a finales de este año se debería disponer de un borrador para presentarlo a una revista científica adecuada», pero que la fecha de publicación «es muy difícil de predecir».

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